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Caral

Hoy viajé en el tiempo hasta los inicios de la civilización americana, a una enorme ciudad de piedra y barro con pirámides y anfiteatros en el Valle del río Supe, ciudad que los arqueólogos modernos han bautizado como Caral.

Ida
La ida por la Panamericana Norte auguraba un día muy nublado, especialmente en Pasamayo, donde las nubes parecen brotar de la carretera y entreverarse con el viento, las dunas, los camiones, las camionetas, los autobuses, los automóviles y la emoción que cercaba la camioneta.

Viajamos más de dos horas y, después de comer un buen sánguche de chicharrón en uno de los grifos cercanos a Huacho y de terminar sorprendidos por la cantidad de invasiones y pueblos jóvenes que han crecido alrededor de las dunas anconeras, llegamos al kilómetro 184 de la Panamericana Norte, en Barranca.

Hicimos un alto por varios minutos y luego nos adentramos en un camino sin asfaltar y muy áspero. Ese tramo del viaje fue algo largo y no por la distancia, sino por lo rústico del camino, pero se hizo corto gracias al paisaje visual que ofrece el valle del río Supe, que nos exhibe muchos sembríos, plantaciones, animales y pobladores.

Caral
Pronto pasamos por la parte izquierda de las ruinas, botando polvo con la camioneta y al estacionar, lo primero que vimos fue la pequeña estación turística que muy bien ha montado el Proyecto Caral, la cual no desentona con las ruinas y el paisaje y está marcada principalmente por esteras refinadas y madera del valle. En ese pequeño módulo, hay chozas de tiendas, un restaurante y zonas para artesanos.

En ese parador descansamos unos minutos, pagamos las entradas y nos inmiscuímos en la ciudad capital de Supe.

Altar de fuego
En Caral se siente la presencia del fuego por muchos rincones, dado que en la época de esplendor de esta civilización el fuego o la quema era la forma de adoración más grande. Como debía ser, el altar principal es uno especialmente hecho para fuego, una especie de horno andino, diseñado en forma circular con entradas y salidas especiales de aire para avivar la brasa. Actualmente el altar está en restauración, y se dice tenía una altura de más de dos metros.

Anfiteatro
Cerca del altar está el gran anfiteatro de Caral, que consiste en un gran escenario circular de piedra y dos escaleras de acceso. Algo interesante es que toda la ciudad de Caral ha sido construida con piedras no muy pulidas y unidas desordenamente con barro que, en esta antigua ciudad, hace las veces del cemento en la selva de cemento limeña.

Pirámides
En la urbe ancestral existen 7 pirámides, las cuales están muy deterioradas, por lo que los arqueólogos están muy afanados en reconstruirlas. Son todas escalonadas, con escaleras centrales muy empinadas y hechas de piedra. Lástima que aún no se les llegue a apreciar en su total magnitud. Pienso que el Proyecto Caral debería trabajar, aparte de excavación y conservación, en ofrecer una visión más palpable de la vida en la ciudad. Quizás reconstruir totalmente una de las pirámides y montar una escenografía que muestre a sacerdotes realizando ceremonias, sería una buena alternativa para conocer mejor a la civilización que existió en esa zona hace ya tantos años.

Huanca
Frente a una de las pirámides, existe una piedra grande y larga, en forma de reloj solar que apunta y juega con dos pirámides. La plazoleta con el monumento de piedra es quizás el sitio más acogedor de Caral y el que debe necesitar una explicación científica con urgencia. El Proyecto Caral aún está en sus inicios y comentan que sólo el 30% de la infraestructura ha sido excavada y por ende, aún quedan muchas preguntas por contestar.

Pirámide Mayor
La Pirámide Mayor, aparte de ser la pirámide más grande, es la construcción principal de Caral. Cuenta con un pequeño anfiteatro, con dos entradas flanqueadas por dos grandes piedras que hacen las veces de columnas de pórtico y por plazuelas pequeñas.

Alrededor de todas las dunas que entierran parte de la pirámide, notamos con emoción las formas sinusoidales que se crean con el viento, cambiando la estática y geometría lineal de los monumentos, por un movimiento de vida alrededor de la danzante Pirámide Trunca.

El guía nos cuenta que las viviendas de los pobladores de Caral se ubicaban en los alrededores de las pirámides y templos actuales, zona que hoy es una gran pampa desértica. Nos comenta también que usaban silos comunes y que los excrementos eran usados como ofrendas a los dioses.

Valle
La ciudad de Caral está construida en una pampa desértica, encima de una gran loma y en medio de un desierto, o mejor dicho, en una enorme duna de 66 hectáreas, al costado del Valle del río Supe.

Desde puntos estratégicos de Caral, se ve, a lo lejos, el Valle del río Supe; Verde y colorido, es el regocijo visual que nuestros ojos necesitaban después del monótono color del desierto. Es ese mismo río y valle los que le daban vida a los habitantes de esta ciudad, principalmente agricultores y pescadores, y quizás ese mismo paisaje el que inspiraba a nuestros antepasados a vivir tranquilos y en paz.

Epílogo
Caral muestra los restos de una civilización muy antigua que se desarrolló en el Perú, y por eso debemos estar atentos a descubrir qué nos tienen preparado los arqueólogos para conocer más la Nación que somos y poder así ver el futuro con mayor esmero.

Visualmente Caral muestra una infraestructura lineal o geométrica básica, sin mucho arte, pero que muestra un conocimiento científico interesante. Aún así, y si bien todo el paisaje de la ciudadela es muy armónico y simple, está muy lejos de las civilizaciones contemporáneas como Egipto, Mesopotamia o China.

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