LLegada a Madrid

Estoy descansando un momento en una de las cabinas cercanas a la Gran Vía después de una larga caminata por el centro de Madrid y luego de un terrible viaje desde Perú.

LIMA-AMSTERDAM

Al despegar de Lima, el vuelo hasta el aeropuerto de Aruba fue cómodo y hasta relajante, pasando series como Friends y Will & Grace en los TVs. Bajé a dar una vuelta por el aeropuerto de Aruba pero fue muy aburrida dado que todos los establecimientos estaban cerrados, excepto la sala de fumadores. Esta sala estaba repleta, a pesar que nuestro vuelo era el único que transitaba a esas horas por Aruba. Observé, preocupado, desde el corredor la transparente sala, la cual parecía una sauna pero con humo gris. Seguí dando vueltas por el aeropuerto, pero regresé al avión por aburrimiento.

Las diez horas del vuelo a Amsterdam se hicieron muy largas e interminables. A cada hora veía mi reloj, y tres horas después de despegar ya me estaba congelando de frío. Comencé a estornudar, tiritar y toser, por lo que me abrigue con mi chompa azul, luego mi casaca y dos frazadas, pero igual me moría de frío, con la salvedad que ahora parecía un fardo funerario Paracas.

En ese momento comencé a recurrir al vino. Pedí uno tinto, luego uno blanco, luego un tinto, y luego acabé con una mancha morada en el pantalón, tres dedos pegados con chicle y bailando el Aserejé, sin música, en la cola del baño. Claro que luego dormí como un bebé hasta casi llegar a Amsterdam.

AMSTERDAM

Todo lo que pasé en el vuelo fue compensado por el espectacular aterrizaje en Amsterdam. La verde campiña con canales, paisajes, molinos, carreteras sobre el agua, animales, cielo azul y casitas con techos en V se veía acogedora. La impresionante ciudad de Amsterdam se ve preciosa desde el aire.

Aparte, el aeropuerto de Amsterdam es enorme y un bastante complejo. Según el manual proporcionado por la aeromoza, debí llegar a la puerta para Madrid en 15 minutos, pero lo hice en casi una hora, sencillamente porque el aeropuerto es un centro comercial enredado. Me entretuve en muchas tiendas y me perdí entre los pasadizos, observando productos extraños y gente peculiar. Nunca había visto zapatos ni pantalones tan extravagantes, haciéndome sentir la persona más conservadora del planeta.

AMSTERDAM-MADRID

El despegue de Amsterdam, ya de noche, fue también muy bonito. La ciudad, esparcida de islas parecía un vidrio quebradizo desde el aire. El cielo estuvo despejado y el avión no voló muy alto, por lo que alcanzamos a divisar las luces de Bruselas, París, Burdeos, Limoges y Pamplona desde lo alto.

MADRID

El aterrizaje en Madrid fue normal y el problema vino después, dado que al momento de recoger las maletas tuve que esperar, preocupado, hasta el final por la tercera, mientras exploraba las salidas del aeropuerto.

Me recogió mi primo rápidamente de Barajas y fuimos a su casa. En el trayecto, la ciudad me pareció muy expandida y grande, lo cual me hizo recordar bastante a Phoenix.

Hoy día me levante y salí temprano para cambiar mis dólares a euros. La mala suerte fue que ningún banco está autorizado a realizar transacciones (incluyendo cambio de monedas) si es que no se es cliente del banco. Intenté abrir una cuenta en el Santander pero se necesitaba tener residencia europea, por lo que tuve un gran problema al tratar de comprar y movilizarme. Inmediatamente llamé a mi primo desde el departamento y me prestó algunos euros para movilizarme.

Con esos euros, compré mi pase para el metro y llegué al centro de Madrid. Caminé mucho por la Gran Vía, Alcalá y Preciados, respirando el novedoso aire de la imponente, limpia y muy culta capital española. Sencillamente la Plaza España, La Cibeles y la Plaza Neptuno son lugares espectaculares. No llevé mapa, sólo caminé sin rumbo por Madrid y traté de conocer el centro. Total, perderse no es algo de temer en una ciudad con un metro eficiente.

Después de horas de dar vueltas por Madrid y almorzar el plato típico de España – una hamburguesa en Mc Donalds – terminé agotado en esta cabina.

JC Magot 2002

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