Grand Canyon

Estoy agotado, cansado, preocupado, sin dinero, estresado, pero feliz. Acabo de regresar de Las Vegas y del Gran Cañón, un viaje muy bacán, pero agotador a la vez.

Salida

Salimos de Tempe el viernes poco después de las 4pm, después de la tremenda juerga latina en nuestro departamento. Nuestra idea era manejar toda la tarde y la noche para llegar a dormir en un albergue cercano al Gran Cañón del Río Colorado. El camino fue muy desolado y desierto, sin una luz de gasolinera y esporádicos camiones, hasta llegar a la fría ciudad de Flagstaff.

Flagstaff

La llegada de noche a Flagstaff fue violenta, y sólo paramos unos minutos para echar gasolina y comer algo. Flagstaff es una ciudad muy fría en donde se practica mucho el esquí. Algo que nos llamó la atención fue ver una iglesia extraordinariamente iluminada. Muy bonita y más de noche. Las luces desde el interior de la misma se escapaban por corredizos y pasadizos que hacía de la Iglesia un monumento imponente.

Continuamos ruta hacia el Gran Cañón y notamos que la autovía cambia, siendo ahora una oscura, angosta y solitaria. Recorrer esta carretera, solos, a las 11pm, fue toda una aventura. No había nadie más en la zona y nuestros únicos compañeros eran una gran plateada luna, pinos del bosque aledaño y las hermosas estrellas del increíble cielo arizono.

De pronto, un ovni, muy conchudo, aparece por las lejanas colinas del norte de Arizona. El artefacto, redondo, con luces alrededor de él, interrumpe nuestra concentración en la luna y comienza a hacer un recorrido hacia la izquierda. Un momento más tarde, el objeto emite una fortísima luz, iluminando los bosques vecinos, cómo si buscara algo por ahí. Cinco minutos de investigación le bastaron, para luego desaparecer muy rápidamente, dejándonos asombrados, asustados y sin habla.

Más adelante, Jan logra esquivar, ajustadamente, a un venado atropellado que yace muerto en la carretera.

Tusayan

Llegamos a Tusayan, pueblo cercano al Gran Cañón, pasada la medianoche. En ese momento de oscuridad, pensábamos que estábamos ya en la zona propia del Gran Cañón, pero nos enteramos, al día siguiente, que estabamos todavía algo lejos.

Nos registramos en un hotel Best Western e inmediatamente visitamos su cafetería y bar. Lo impresionante fue ver a toda una legión de apaches americanos, todos borrachos, brindando en el bar del hotel. El barman gritando desesperadamente, nos echaba del lugar, pues la hora límite de consumo de licor ya había sido sobrepasada.

Gran Cañón

Nos levantamos casi a las 9am y nos enrumbamos directamente al Cañón, luego de un frugal, pero caro desayuno en el hotel. Durante el camino de Tusayán al Gran Cañon las ansias nos invaden y la discusión en el vehículo se centra en la próxima visita.

Uno ve fotos, uno oye hablar, uno puede imaginar, pero uno no puede visualizar ni sentir lo que es el Gran Cañón si es que no se está parado en esos miradores viendo esta majestuosa obra de la madre naturaleza. Me faltan palabras para poder describir lo que vi ese día. Solo recuerdo que es una de las mejores vistas que han mirado mis húmedos ojos a lo largo de mi vida. Busco alguna comparación con la gran combinación de montes, estructuras naturales, mesetas, quebradas, colores, verdor, rocas, precipicios, desierto, flora, luces, rayos solares, nubes y grandeza existente, y no la encuentro. El Gran Cañón sinceramente me tomó por sorpresa, dejándome completamente estupefacto, impactado y emocionado.

Lo más chocante de todo es la primera vista. Es una de esas cosas que existen especialmente para que se queden muy grabadas en el cerebro de los seres humanos. Me pregunto, ¿Qué hubiera pintado van Gogh si hubiera estado parado en uno de los miradores del Gran Cañón? Definitivamente “La noche estrellada” no sería su mejor obra. Cuando voltee la vista, cerré la boca y me sequé la baba, pude observar a un nuevo visitante del cañón que traía los ojos vendados y era guiado por sus amigos. Seguí al confundido turista hasta que estuvo parado en el mirador, sitio en el que le descubrieron el rostro y empezó a llorar en el acto, impactado por la contundente vista.

Lo que me llamó mucho la atención fue no ver ningún río, dado que, en teoría, el cañón se forma por el Río Colorado, el cual sólo puede ser apreciado desde los miradores lejanos. Este río parece un ínfimo riachuelo dentro de la majestuosidad de montañas y quebradas que lo rodean.

La organización montada por los gringos también es fenomenal: tres líneas de buses unen todos los miradores, existe mucha información en tableros, indicaciones e historia del cañón. También tienen presencia las infaltables tiendas de souvenirs, restaurantes, comercios, lodges, entre otros.

Uno de los últimos puntos de la visita al Gran Cañón fue el “Watchpoint”. Este mirador, si bien es uno más del cañón, se diferencia notablemente, dado que tiene la forma de torre de algún castillo. Creada por una reconocida arquitecta americana, ésta torre parecería ser legado de épocas antiguas, pero en realidad es sólo una tienda de souvenirs construida hace setenta años. Subimos por una escalera pequeña hasta la cima de la torre, y apreciamos por enésima vez, sin dejar de cansarnos, la increíble vista del cañón.

En los últimos miradores pudimos observar los rayos de sol colándose entre las nubes, pasando por la brisa, el desierto, las mesetas y las quebradas, y generando una pintura de libertad grandiosa. A lo lejos, al otro lado del cañón, se ve una meseta muy verde, muy grande, muy extensa; provoca correr en ella, desnudo, eternamente.

El Gran Cañón fue una visita espléndida, que sacó a relucir muchas emociones que tenía guardadas dentro, y el sólo hecho de estar ahí nos hizo sentir relajados y desestresados. Me acuerdo estar sentado encima de una gran roca del cañón, estático, sin sentir mi cuerpo, observando los rayos solares pasar por entre las nubes y alumbrar zonas específicas del cañón formando pinturas dinámicas y dejando, sin darme cuenta, que mis preocupaciones salgan lentamente a través de mis ojos. Sin duda, una visita inolvidable.

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